jueves, 23 de febrero de 2012

COMUNISTAS VENERABLES


Los comunistas tenemos héroes y mártires y también, claro esta, demonios, pero no tenemos santos. Y sin embargo hay algunos que merecerían serlo, aunque suene un poco heterodoxo para personas que han sido ateas o por lo menos no creyentes. Simón Sanchez Montero fue uno de ellos. José Sandoval otro. Me he enterado de su muerte por el articulo necrológico que ha escrito Carrillo en El País y que comparto plenamente.

Las primeras referencias directas que tuve de Sandoval fue cuando en la primavera de 1971 conocí a su hija Elena. Ella junto con su compañero Eduardo Elizalde habían sido expedientados y expulsados de la Universidad de Madrid y se habían traslado a Valencia. Yo estaba en Gandia residenciado con motivo del estado de excepción. Todas las semanas iba a Valencia a recoger los Mundos Obreros que luego repartía entre los amigos de izquierda que tenia en Gandia y Oliva. Elena era extremadamente dulce y risueña, hablaba un precioso castellano con acento ruso. Me contaba muchas cosas de su padre y de su niñez en el exilio. Meses después , ejerciendo ya de abogado laboralista, Cristina Almeida iba a visitar a Sandoval a la cárcel de Segovia y siempre volvía admirada de los encuentros con el. Era una referencia ejemplar para los presos que en aquellos años protagonizaron numerosas luchas en la cárcel, incluidas huelgas de hambre. Creo recordar que Cristina tenia en su casa de la calle Justiniano un cuadro que le había pintado Sandoval.

Cuando salio de prisión, muy al final de la dictadura, estuve en varias reuniones del Partido con el. Tenia una voz suave, con un tono bajo, con el mismo acento que su hija Elena. Siempre con el rostro relajado. Explicando el Pacto por  la Libertad, la estrategia de la Junta Democrática, los giros tácticos de la dirección que no siempre compartíamos  unos jóvenes comunistas mas bien radicales. Jamas le vi molesto, dogmático, impositivo y eso que nosotros a veces eramos impertinentes. El que se habia jugado la vida en la guerra civil, en la Segunda Guerra Mundial, en la vuelta clandestina a España. El todo un héroe que jamas presumió ante aquellos jóvenes camaradas tan "creídos y sabihondos". Lo mismo que sucedía en las frecuentes reuniones con Simón.

Después le volví a ver en alguna reunión de la Fundación de Investigaciones Marxistas y en otras de la dirección del Partido. Era eurocomunista y carrillista, pero cuando se desato la crisis de los renovadores y mas tarde en 1982 la dimisión de Carrillo, el mantuvo posiciones coherentes, se negó a secundar actitudes intransigentes que matuvimos unos y otros, nunca fue beligerante y siempre pacificador. Eso sí, aunque no competió  decisiones y políticas que sobre todo a finales de  los años  80 y en los 90 mantuvo la dirección del PCE, el se mantuvo fiel al Partido y no secundo otras aventuras.

Ahora que resulta de buen tono denigrar el comunismo y a los comunistas, hay que responder que comunistas como José Sandoval o Simón Sanchez Montero son un motivo de orgullo para España, para los trabajadores, para los demócratas. Y si no pueden ser santos comunistas por lo menos que sean comunistas venerables.

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