miércoles, 16 de mayo de 2012

17 DE MAYO CONTRA LA HOMOFOBIA, LESBOFOBIA, TRANSFOBIA Y BIFOBIA


Hoy 17 de mayo se conmemora el día contra las diversas fobias que existen en relación a la diversidad sexual: homofobia, lesbofobia, transfobia o bifobia. Más que nunca es oportuna esta celebración.
 
En grandes ciudades como Madrid, que en los últimos diez años se ha ido volcando con motivo de la semana del Orgullo Gay a finales de junio, puede producirse el espejismo de que la diversidad sexual se admite y se respeta, que ha dejado de ser un problema y es un mal recuerdo del pasado. Y si no es así en las grandes capitales, no digamos en el resto de nuestro país. Es cierto que las agresiones violentas contra las personas gays, lesbianas transexuales bisexuales han ido disminuyendo, aunque no han desaparecido. Es verdad que hoy es más incorrecto políticamente insultar y vejarles, sobre todo en los medios de comunicación social, aunque todavía a unos cuantos se les notan las fobias más o menos camufladas. Pero en cuanto nos descuidamos aparece un obispo, un juez, un catedrático, un psiquiatra o un presentador de programa basura de televisión y vuelta a las andadas, con los tópicos, las bromitas o la moralina barata.

Y esto es lo que se ve. Luego está lo que no se ve o lo que no se habla. El acoso en la escuela, en el trabajo, en la familia. La violencia física o psicológica, el rechazo o la falta de afecto de la familia, los amigos o los compañeros que produce miedo, depresión, aislamiento, sentimiento de culpa e incluso la perspectiva de suicidio. Porque en pleno siglo XXI en nuestro país se siguen suicidando chicos y chicas por la opresión que sufren en razón a su orientación sexual.

Puede parecer sorprendente o exagerado, pero no lo es. Miles de jóvenes encuentran como respuesta en su ámbito familiar el insulto, las amenazas, la retirada de la palabra o en el mejor de los casos,  la incomprensión o las presiones para someterse a supuestas terapias psiquiátricas para curarse o las plegarias para lograr un “rearme moral”.

Muchas familias, con la mejor intención,  siguen sin saber ¿qué hacer?  ante un hijo o una hija que a sus ojos no se ajusta a lo que preveían como “normal” y su desconcierto les lleva a buscar soluciones en profesionales sin conocimiento o con prevenciones contra la diversidad sexual o piden consejo o consuelo en los confesionarios. El resultado, sufrimiento para los hijos, sufrimiento para los padres.

Si esto es así con carácter general, aun es peor el panorama para los chicos y chicas en familias que proceden de países, sociedades, etnias o religiones menos avanzadas, con mayores prejuicios e intolerancia. Al rechazo que sufren en sus familias o en sus ámbitos de convivencia más próximos, se une la falta de recursos y conocimiento  para buscar apoyo en sectores de la sociedad española.

En las escuelas siguen sin existir, salvo honrosas excepciones, protocolos de actuación e instrumentos de apoyo para la prevención de las fobias contra la diversidad sexual, para la educación en el respeto y en la normalización de la diversidad y para erradicar sin contemplaciones cualquier brote de acoso. Y en los centros de salud tampoco hay una formación en los profesionales que sirva para aconsejar y ayudar a las familias y a los jóvenes para afrontar  con normalidad el asumir la diversidad, ni hay protocolos para detectar el acoso y la violencia escolar, laboral o familiar por razones de diversidad sexual.

A pesar del largo y duro camino ya recorrido por la población LGTB y los indudables avances conseguidos, aun estamos distantes de la normalidad en la convivencia con la diversidad sexual. Los tiempos que corren con la hegemonía política en manos del PP y de los medios de comunicación social muy mayoritariamente conservadores, nos exigen redoblar los esfuerzos. Ojalá consigamos, para empezar, que ningún chico o chica de nuestro país se vea abocado al suicidio como resultado del acoso, la opresión o la incomprensión. Sería un gran paso adelante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario