lunes, 28 de octubre de 2013

LOU REED Y "WALK ON THE WILD SIDE"


Hay canciones o discos que forman parte de la biografía vital de  muchas personas. En mi caso, “Walk on the wild side” de Lou Reed, junto con el lp “The dark side of the Moon” de los Pink Floyd, están estrechamente ligadas a muchas tardes y noches de principios de los años 70, cuando con mis compañeros laboralistas quedábamos en la “casa-cuna” de Cristina Almeida en la calle Justiniano y nos hartábamos de oírlos. O cuando íbamos a bailar a “El junco chino” y pedíamos  que nos pusieran una y otra vez aquella maravillosa canción de Lou Reed.

La he seguido escuchando periódicamente y lo he vuelto a hacer hoy. Sigue conservando el mismo embrujo, potencia y belleza que hace 40 años. Perfecta la voz de Lou, los arreglos instrumentales y la calidad de los instrumentistas. Una de las grandes canciones del rock del siglo XX.

A estas horas se están escribiendo y diciendo muchas cosas sobre Lou Reed, bastantes de ellas exageradas y desde luego sorprendentes, si tenemos en cuenta que la amplísima producción de este músico tuvo un limitado éxito de ventas, sin conseguir nunca que sus lps o cds alcanzaran los primeros puestos de las listas. El propio Lou se hubiera quedado pasmado al ver al día siguiente de su muerte que su foto ocupaba buena parte de la primera pagina de el periódico EL PAIS.

Sí, era un artista de culto, pero con muy relativo éxito. Y es que hay que decir que Lou, junto a discos y canciones extraordinarios, especialmente en la primera mitad de la década de los 70, hizo bastantes tostonazos que el tiempo ha barrido sin remedio. Tanto en lo que respecta a su inicial participación en The Velvet Underground, como en su carrera en solitario.

Tuve ocasión de escucharle en febrero de 1992 en el Palacio de Congresos de Madrid. Estaba de gira presentando su ultimo y aburrido disco, “Magic & loss”, pero como anteriormente no había tenido ocasión de verle, allí que me fui. El concierto no fue de los que me dejaron huella, solo cuando recuperaba sus canciones clásicas remontaba y conectaba con el público, el resto fue realmente pesado.

A la hora de acercarnos a la obra de Reed, hay que diferenciar su faceta como compositor, en la que desde luego fue un fiel trovador del mundo underground, sobre todo newyorkino, pero también de Berlín o de Londres. Sus textos son de una gran intensidad dramática y por ellos desfilan drogatas, camellos, travestis, chaperos, atracadores, la heroína, sadomasoquismo, amores locos, historias de la Factory de Andy Warhol…Se puede decir que fue el primer compositor del rock que abordó estas cuestiones de manera clara y directa.

Pero junto a ese papel rupturista, hay que subrayar la nefasta influencia que Reed tuvo en muchos jóvenes, bastantes de ellos españoles, que a finales de los 70 y principios de los 80 quedaron fascinados por la heroína y por la confusa imagen que daba Lou. Droga, que además de otras consecuencias, tuvo efectos devastadores en la obra musical de Lou Reed. Así que ojo con los discursos apologéticos. Lou se desenganchó, pero muchos de sus admiradores murieron por sobredosis.

Por otra parte su faceta como brillante letrista y compositor no siempre estuvo acompañada  de su capacidad interpretativa o de sus arreglos estrictamente musicales.  La muy irregular trayectoria de Reed tiene mucho que ver con los músicos que le acompañaron. Sus grandes discos son el resultado de la participación de excelentes artistas que le dieron un sólido soporte instrumental.

Así detrás del potente sonido de su mejor lp, “Transformer”, están los arreglos de David Bowie y la presencia de Mark Robson, un fantástico  guitarrista y detrás de su magnifico lp en directo “Rock and Roll animal”, esta otro curtido músico y productor, Steve Katz. El inicio inolvidable de este disco en vivo, con la versión de “Sweet Jane”, es quizás uno de los momentos más impactantes de un concierto de rock de todos los tiempos.

Lou Reed, en mi opinión, abusaba del sonido oscuro, sucio, siniestro, cuyos resultados solo se paliaban cuando le acompañaban buenos guitarristas, y sin embargo cuando le daba por “limpiar” su sonido, e incluso acercándolo al folk rock o al country rock, como es el caso de la deliciosa “Crazy feeling”, los resultados eran estupendos.

Lou Reed nos dejo un montón de buenas canciones, además de las ya citadas: “Berlin”, “Lisa Says”, “Vicious”, “Satellite of love”, “Caroline Says”, “How do you think it feels”, “Sally cant dance”, “, “Charleys girl”, “Coney Island baby”, “I believe in love”, “Banging on my drum”, “I love you”, “Rock and roll heart”…o con The Velvet Underground, “Run, run, run”, “I´m Waiting for the man”, “Heroin”, “Femme fatale”, “White light/white heat”, “All tomorrows parties” o “Who loves the sun” y ya en los años 80, una vez desintoxicado, lanzó discos interesantes como “The blue mask” o “Legendary hearts”, con buenas canciones como “No money dawn”, “September song”, “The gun”, “Don’t talk me about work”, “Waves of fear” o “Turn of the light”.

A principios de los años 90 Reed grabó con, John Cale, su antiguo compañero de The Velvet Underground el cd “Songs for Drella”, con un sonido vanguardista y que siendo interesante y de lo mejor de su tercera etapa musical, no deslumbra ni mucho menos. La ultima grabación de Lou, ya en el año 2011, fue con el grupo de hard rock Metallica, titulado “Lulu”, que pretendiendo ser una especie de opera rock de nuestro tiempo, tampoco resulta convincente.

Lou Reed tuvo un gran acierto en la etapa de madurez personal: casarse con Laurie Anderson, la más brillante música de rock vanguardista de los años 80 y 90, autora de fascinantes discos, para mi gusto mucho mejores que los de la última época de su cónyuge.

Lou Reed, como Bob Marley o como Jimmy Hendrix, va camino de los altares musicales. Yo me quedo con dos maravillosas canciones, “Walk on the wild side” y “Sweet Jane” (en vivo) y del resto ni tanto ni tan calvo.



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