viernes, 12 de abril de 2013

300 POST Y UNA EXPLICACION GRAMATICAL




Este es el post numero 300. Que ha sido posible gracias a 31.018 entradas que a lo largo de los dos últimos años le han dado sentido. Por tanto en primer lugar mi total agradecimiento a quienes han entrado a leerlo y mas aun a los que han repetido y sobre todo a los 20 seguidores y 161 amigos del Facebook.

Tanta confianza merece una explicación sobre algo que habréis detectado en todos y cada uno de los post, seguramente que con sorpresa y cariñosa tolerancia, las faltas de puntuación. ¿Cómo es posible que un señor mayor que se dedica a tareas más o menos intelectuales y que tiene un blog, no sepa poner acentos, comas y otras reglas ortográficas? Pues hay una razón, supongo que con connotaciones freudianas.

En mi bachillerato solo tuve un suspenso en los exámenes finales, precisamente en 2º Curso, en “Gramática española”. Mi profesor era el Padre Juan Navarro, del que tengo un excelente recuerdo, aunque de vez en cuando tiraba de las patillas y daba capones.

Era alicantino, de Elda, amante de Oscar Espla, del que solía tatarear la Nochebuena del Diablo. Era alegre, como buen mediterráneo, cercano, culto, para lo que se estilaba por entonces. Y tenia cuatro  favoritos en la clase, mis amigos Juan Manuel Membrillera, Miguel Jimenez-Aleixandre, Alfonso López-Lago, desgraciadamente ya fallecido y yo. En alguna ocasión nos llevo al Retiro, al Museo del Prado. Nos hacia fotos divertidas. Y nos hablaba de literatura.

Le gustaba Miguel de Unamuno, nada frecuente en un sacerdote de los años 60. Así que cuando nos pidió un trabajo de fin de curso, yo lo hice nada menos que sobre el poema que don Miguel le dedico al Cristo de Velazquez. Me lo trabajé mucho, o eso creo, porque lo he perdido. Y no hay que olvidar que entonces tenía once años. El Padre Juan Navarro me dijo que le había gustado. Pero cuando fui a recoger las notas de finales de curso me encontré con un asombroso “4” en Gramática. No os podéis imaginar mi disgusto y mi cabreo. Él, precisamente él, me había suspendido. Fui a hablar y me dijo que estaba fatal en gramática y que me dedicara el verano a estudiar.

Y si yo me cabree, no quiero ni deciros el cabreo que pillo mi padre. En aquellos tiempos nos tirábamos casi tres meses de vacaciones en  nuestro secano de Xativa. Mi padre me levantaba a las nueve de la mañana, a las 10 me ponía a estudiar hasta la hora de ir a la piscina o al río. Y por la tarde tres días a la semana bajaba  en autobús al pueblo a una clase particular de dos horas. En Xativa en Julio y Agosto, a las 4 y media de la tarde hacia un calor horripilante. Supongo que el conductor del autobús, que se llamaba “La Adzaneta”, debía alucinar con aquel niño que tres días a la semana se subía a esas horas en lugar de estar durmiendo la siesta como todo el mundo.

Mi suspenso, mis horas de estudio, mi bajada a Xativa y mis clases particulares, eran motivo de diversión de mis primos mayores, los Casesnoves, que me pusieron el apodo de “Nebrija”, en recuerdo del mas famoso gramático de la Literatura Española.

En la primera semana de septiembre cogí el “Taft” y me fui solito a Madrid a examinarme. ¿Os imagináis hoy mandando a nuestros hijos de once años en tren a Madrid? Pues, eso. Me examiné y saqué un 9. El Padre Juan Navarro me felicitó y mi regreso a Xativa fue triunfal.

Y aquí viene la reacción freudiana, después de aquel sobresaliente nunca mas conseguí poner bien los acentos, las comas…Sentía verdadera vergüenza cuando los profesores, incluidos los de la carrera universitaria, me devolvían los exámenes o trabajos llenos de acentos y comas en rojo. Pero no ha habido manera. 50 años después, sigo igual, aunque ahora confieso que el corrector de Google me ayuda algo, aunque también a veces me confunde.

El Padre Juan Navarro, dicen que en la transición colgó los hábitos y se casó. Fue un buen profesor, pero no acertó el método de enseñanza conmigo. Eso sí, junto a otros curas del Colegio me estimuló en la lectura, lo que nunca les agradeceré bastante.

Eso es todo. Así que os ruego paciencia y comprensión con este “Nebrija” frustrado. 


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