sábado, 12 de enero de 2013

VERDI Y MARIA CALLAS






Acabo de ver una excelente pero terrible, terrible, película del alemán Michael Haneke, “Amour”. Un retrato bello y triste  del amor y la enfermedad en la vejez. Y quiero cambiar de onda. He escrito poco de opera en el blog y que mejor ocasión que la conmemoración en este año 2013 del bicentenario del nacimiento de Verdi y de Wagner.

Curiosa coincidencia que los dos mas grandes compositores operísticos del siglo XIX nacieran en el mismo año, como también que tuvieran un papel activo en la conformación del espíritu nacional de sus dos pueblos en lucha por su constitución como estados unitarios, aunque Verdi desde una óptica popular y democrática y Wagner desde una concepción mitológica y aristocrática, a pesar de sus veleidades revolucionarias en su juventud. La música de Wagner impresiona, la de Verdi emociona.

Admiro la grandeza y el talento renovador de la música de Wagner y lamento no haber podido asistir a la representación en vivo de las versiones clásicas de sus grandes obras, que tienen una componente de espectáculo teatral tan intenso. Las muy pocas que he visto en el Teatro Real de Madrid, han sido montajes  “contemporáneos o modernizadores”, que sinceramente me provocan distancia y frialdad y escuchar p.e. el “Anillo del Nibelungo” en el compact disc requiere un esfuerzo de aislamiento y disponer de un tiempo de tranquilidad que hoy por hoy no me resulta fácil conseguir.

Con Verdi disfruto mas, quizás porque lo asocie  a la voz de María Callas, o de Renata Tebaldi, cuyas grabaciones cuarenta o cincuenta años después siguen siendo inconmensurables. Además Verdi inevitablemente nos suena próximo, mediterráneo, vibrante, vitalista. La mayoría de sus operas puedes oírlas conduciendo en el coche, preparando la comida, en una tarde lluviosa de invierno, en el autobús o tomando el sol en primavera y ya desde el preludio  te seducen.

Con la ventaja añadida que aunque las operas de Verdi son muy diversas estilística y temáticamente, son historias que tratan de pasiones, sentimientos, vivencias, que aunque puedan parecer que tienen un tono algo folletinesco para los gustos del siglo XXI, siguen siendo actuales e incluso cercanas  y encima en un bello idioma que casi entendemos.

 La evolución de Verdi, con una enorme producción operística, fue muy notable, desde las iniciales con un fuerte anclaje en el romanticismo, hasta las que animaban el espíritu liberador del nacionalismo democrático de quienes  luchaban contra los pequeños estados absolutistas que fragmentaban Italia en la primera mitad del siglo XIX pasando por la gran trilogía dramática y pasional de Il Trovatore, La Traviata y Rigoletto, y terminando en las grandes y mucho mas complejas obras de madurez, algunas de ellas inspiradas en dramas de Shakespeare.  

Verdi, que fue un hombre con ideas políticas y sociales avanzadas, tuvo numerosos problemas con la censura y asumió también el compromiso de participar como diputado en el primer Parlamento de la Italia unificada.

Hoy, afortunadamente, de una u otra forma, tenemos acceso a una gran oferta discográfica y también videográfica de la obra de Verdi. Desde las grabaciones históricas de Toscanini, Furtwangler, Tullio Serafin, Karajan o Solti, hasta las mas modernas de Giulini, Abbado, Muti o Levine. Pero si importantes son los directores, lo decisivo son las y los interpretes y el feeling que se establezca entre ellos. P.e hay una grabación de sonido bastante regular, incluida alguna tos del publico, de la representación el 27 de marzo de 1958 en el Teatro San Carlos de Lisboa de “La Traviata”, con  María Callas, todavía en magnifica forma y Alfredo Kraus, inmejorable y se te eriza la piel al escuchar los dúos; ni la orquesta es deslumbrante, ni el director un genio, ni el resto de los interpretes figuras de primera fila, pero Callas y Kraus transmiten con tanta fuerza su dramática pasión, que para que queremos mas.

Y eso es Verdi y por ello sus operas siguen gustando, aunque hoy tengamos que refugiarnos en grabaciones del pasado, porque la mayoría de las actuales tienen un sonido magnifico y los interpretes una gran técnica, pero….ya no hay Alfredos y Violettas como las de antes que te ponían la piel de gallina, como le sucedía a la maravillosa Julia Roberts en la película “Pretty woman”, cuando asistiendo por primera vez a una opera, precisamente “La Traviata”, se le saltaban las lagrimas ante un estupefacto Richard Gere.

Disfrutemos de Verdi y a ser posible con María Callas.

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