lunes, 7 de enero de 2013

JUAN CARLOS: UN REY AMORTIZADO





Nunca he sido monárquico. Pero acepto el papel funcional que puede tener la monarquía en un sistema político democrático. Por ello muchas personas de izquierdas hemos asumido la figura del Rey como instrumento favorecedor de la consolidación democrática y acertamos con esa apuesta política, en la que por cierto fue fundamental el papel de Santiago Carrillo. Pero todo cambia.

Juan Carlos ya es un personaje de otros tiempos. Su supuesta cercanía y campechanía, sus lugares comunes a menudo envueltos en naftalina, sus relaciones personales, que en el pasado pudieron ser necesarias, sus gestos y vocabulario, hoy ya no encajan en nuestra sociedad. Dudo que la inmensa mayoría de la población menor de  40 años de nuestro país sienta alguna afinidad con el monarca. Ni habla, ni piensa, ni siente como ellos.

Por ello resulta empieza a ser patético, que tras nada menos que 37 años de ejercicio del cargo, con 75 años de edad y una salud deteriorada, diga que se siente en plena forma. ¡Que tremendo afán de aferrarse a la corona! Ya hace unos meses la Reina, tan de derechas ella,  manifestaba que su marido moriría ejerciendo de monarca. Esos son planteamientos del pasado, ajenos a una sociedad democrática del siglo XXI que no puede permitirse la imagen de su  Jefe del Estado amarrándose como una lapa a su cargo y menos aun el riesgo de que empiece a chochear. Sobre todo cuando tiene un heredero, que al parecer esta suficientemente preparado para ejercer la función constitucional de Rey. ¿O es que se quiere asistir a un proceso de decadencia de Juan Carlos mientras el Príncipe deja pasar  los mejores años de su madurez? ¿A quien beneficia eso? Desde luego que ni al país ni a la monarquía.

El Príncipe Felipe nunca será peor que su padre y seguramente será mucho mejor. La única ventaja de Juan Carlos, mucho peor formado que su hijo, era su ascendiente moderador de los sentimientos autoritarios de una parte de las Fuerzas Armadas, pero creo que hoy esa influencia esta desapareciendo en la medida en que los militares generacionalmente próximos a el, ya están fuera de la vida activa. Dicho en palabras de economía de mercado: “Juan Carlos ya esta amortizado”. Y ante esa realidad no valen maquillajes y operaciones de marketing como las que dicen esta intentando la Casa Real para recuperar apoyos sociales y menos aun si esos liftings son como la penosa entrevista de TVE.

Cuanto mas tarde en producirse la sucesión seguramente mayores serán las simpatías republicanas de la población española y desde luego de las generaciones jóvenes. Y como tenemos pocos problemas en nuestro país, añadiremos otro: el enfrentamiento entre republicanos y monárquicos, que hoy no existe pero que puede llegar a producirse.

Y los republicanos progresistas no debemos hacernos excesivas ilusiones. Hay muchas posibilidades de que hoy por hoy un presidente de la republica sea más de derechas y más intervencionista que el Príncipe Felipe.

Así que Juan Carlos debería marcharse cuanto antes, agradeciéndole sin tacañería los indudables servicios prestados al país y con la tranquilidad de que ni el Ministro de Hacienda ni el Fiscal General van a meterse con sus “ahorrillos” y dejar a Felipe. Al menos podríamos dedicar nuestros esfuerzos  a intentar resolver los graves problemas que tiene la sociedad española.      

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